Sé que las piezas se acomodan como se acomoda el ritmo de los platillos ante los pasos incomodos de baile que articulaste aquella noche de cosecha en el castillo de los vagabundos intoxicados de vida. Intención pura, yuxtapuesta, grosera, desinhibida, altanera, mal hablada... en cámara lenta. Dos individuos medianamente tocados, necesitados y ansiosos uno del otro, separados por un mar, dos países y varios régimenes militares, parlantes de lenguas extrañas y practicantes de artes mágicas; amantes de individuos sin razón y licores de Malta. Definitivamente esa tarde de primavera no fue planeada, no fue planeada la diversión, ni la pasta, ni las cervezas; tampoco los arranques de violencia, las películas palomeras ni la programación de tu cerebro listo para olvidar a esos bastardos que pretendían lesionar nuestras comunicación no hablada, distante, fragmentada. Sin faltas, sin nadie a quién reclamar.
Tienes manos ligeras, risa estruendosa, ojos pequeños; pequeños defectos, estruendosos pensamientos y alma ligera; no es una combinación clásica, no es algo que esperarías pues no esperas nada de nadie; ni siquiera de mi. ¡Así que baila algo con las viudas! disfruta de la calma justo antes de la tormenta que se viene para todas las chicas sofisticadas que pierden el estilo en menos tiempo que una oveja (cordero, becerro, ¡vaya! lo que sea) es trasquilada. Pues entonces no queda otro camino que encontrar la cuadratura en el circulo y la belleza en la disonancia; no significa que no busque viajar a tu tierra jamás colonizada, sólo no quiero hacerlo como los demás, con tratados desventajosos y aires de grandeza; sin derechos de extraterritorialidad ni para venderte mi idea de un mundo mejor. Sólo quiero estar...
Humo enmohecido, cenizas lacerantes y mi codicia que cierra los ojos ante la verdad. La verdad es que tu autoestima no es baja, más bien la estima que tienes por los demás es baja; por supesto he hecho los cálculos para conocer los peligros de nuestra segunda oportunidad. Ríos llorados que se confunden entre la niebla de una noche calurosa, tal vez ese es el precio de la osadía de verte con ojos cerrados; pero no vamos a exagerar ¿cierto? no puedo ser tan sensible y tu no puedes pegarme frente a mi progenitora. Es un acuerdo justo, ambivalente y sin compromiso; inalcanzable pues. Compasión, cobijo y confianza a la vieja usanza de tu pueblo que viajó surcando todos los cielos en un globo lleno de ilusiones y pasteles; aún falta el mio, Así pues olvida recordarme en aquél viaje sin retorno y observa como cocinó algo para vos.
Pronto sabrás el menu, pronto sabré si prefieres la carretera...
Fin de la transmisión