Todo mi amor se ha perdido en la niebla, la niebla, la niebla. Entre las gotas de la inclemente tempestad que se cierne sobre el camino del bosque que abandoné hace tiempo, el bosque al que arrojaste a la mujer que compré y que ahora viene de vuelta. Con un arma, un arma, un arma: peso liviano, dureza firme (según la escala de Mohs), belleza vítrea y fractura concoidea; un toque de pirita para deslumbrar con destellos dorados encubiertos en el verde resplandor de tu sonrisa que destaca el azurita de tu alma ¡Bendita alma! Por eso te buscaron los pintores del Renacimiento, los pensadores de la Ilustración, los rebeldes de Rusia y los ladrones de arte del Nuevo Mundo. ¡Ah si, si! Esos bandidos tan efímeros y placenteros que intentaron contrabandear tu nobleza afilada en talleres brasileños y ceñida a vestidos elegantes. Trajes elegantes. Risas elegantes, fingidas.
Pues, si hemos nacido como hermanos en este lugar del mundo en el que los lazos sanguíneos son los únicos que importan, déjame pronunciar tu nombre tantas veces y a un volumen ensordecedor para que la envidia llene los salones del saber, de la risa, de la mentira y del amor. Ese nombre de peculiar significado, profanado por una lengua negra-muerta, que busca arrastrarte hacia los dulces placeres de la gastronomía obscena que clama por ser encontrada, disfrutada, devorada y devuelta. Despreciada. Entonces solo necesitas un toque de romero para aliviar tus penas, mi querida hambrienta, pues he intentado cargar con el peso de tu angustia sobre mi endeble espalda, preferí mojar los zapatos viejos de mi alegre andar antes que el rocío del agua llegara a tus delicados tobillos y sonreir cuando no había más opción que llorar. Pero he fallado. Así que te ofrezco mi alma en un plato de fettucini con ostras y berenjenas acompañado de una copa de Chateau Petrus.
Empaca, suficiente, dílo. Ya te he encontrado en un mapa borroso, en una avenida sin señales y en un billete sin denominación; en un vagón de ferrocarril que corre en dirección contraria al camino que va hacia ninguna parte. No te confies de la gente en el camino, déjalos a todos, este es el momento para que compongas una sinfonía y te cargues a un modelo. La decisión corresponde a la visión, aunque si conoces con certeza hacia donde te diriges, no sabrás que tan rápido lo haces. Física cuántica básica. Principio de incertidumbre: la subjetiva belleza que admiro y a la que temo, la que me envuelve en su calma alocada (oh si, un deja vu) y que me ha dado un par de descargas eléctricas ¿es felicidad pura o simple ausencia de tristeza? Tú sabes pues, de monstruos, lunas y aves, de reflexiones futuras y cuentas por saldar.
La moral es una ficción creada por los débiles para mantener cerca a los fuertes.
Fin de la transmisión.