miércoles, 19 de agosto de 2015

Weregild

Camino por un sueño desierto, comiendo helado, divagando, esperando... Y solo sonreíste.
La altura me provocó nauseas, aunque también debería darle su parte de responsabilidad a la altitud. Pero te vi, sentada, distraída. Azul, animosa, colorida; y solo sonreíste. 

Sabia que algo andaba mal pues es lo único que pude pensar al ir todo bien. 

Lloraste frente a mi y yo solamente podía esbozar esperanzas infundadas y monosílabos ilusos. Quería abrazarte, quería decirte que eras lo que exactamente estuve buscando toda mi vida, quería parar tu pesar y ofrecerte una alternativa, la que nunca tuviste, pero siempre tomaste. Quería que sintieras mi corazón latiendo a mil por hora en tus mejillas humedecidas, cansadas de ladrones y embusteros. Pero solo atiné a escuchar y sonreír. Siéntate a mi lado, miremos crecer el maíz en verano.

No suelo bañarme a menudo, ni peinarme; me visto con lo primero que cruza mi vista al abrir mi armario y tal vez recuerde combinar. No soy alguien nervioso, ni tampoco me gusta ceder la palabra; pero cuando supe que compartiríamos poderes mágicos en un salón nauseabundo, batallé constantemente con mi guardarropa, con la moda y con la transpiración. Respiraba sin oxigeno y me decía a mi mismo que debía tranquilizarme; no importaba, que eras alguien más, en un lugar más, en un momento más.

Solo que no lo eras, porque sonreíste, vestida de azul.

Una ambulancia aceleró y entonces me encontré a mi mismo al borde de la exasperación. Fastidiado, desesperado, impaciente, intimidado, confundido... pero llegaste (y sonreíste). Azul, presurosa y revitalizada. Hoy volví a recrear esa noche veraniega-templada, tal como lo he hecho durante los últimos meses; difícil olvidar la mejor noche de tu vida, superar la verdad, aniquilar el recuerdo, alimentar la ilusión. ¿Cómo fue que decidiste regalarme ese momento? Anda, ten piedad de mi y cuéntame lo mucho que quieres decirme; corre, toma mi brazo, toma mi mano, toma mis labios.

Los días pasaban perezosamente, aunque esa solo es una cuestión de enfoques espacio-temporales; verdes praderas y grises calles nos separan, pero creo haberte inventado en alguna canción de Trust, en una fila interminable de cervezas derramadas y de amores odiados. Esperaba tanto contarte lo dulce que es probar un primer beso, ver tantos colores y el estallido de sentidos, ¿pero cómo se pueden sentir tantas cosas en tan poco tiempo? Lo anhelaba tanto que obnubilé mi boca con escuetas y gastadas frases. 

Tonto inquieto.

Si hubiese algún lago del cual tu espíritu pudiese zarpar tranquilamente, seguramente tendría que poder cosecharse vino, chocolate y fresas en sus laderas durante las madrugadas. Así podríamos tal vez aliviar el dolor de nuestras madres, verlas llenas de orgullo y amor, sentarnos mañanas enteras para platicar y reírnos de cosas profundas sin sentido, para preparar viajes y salidas. Me invadía un tormento que disfruté durante casi 24 horas, un violento ímpetu que mostré en 9 líneas, 216 caracteres y 7 emojis.

Demasiado cálido afuera, demasiado cálido adentro, propicio para actuar, iluminar y ser intermitente, para volver al principio. Para contarte y contarme, para escuchar tu voz una y otra vez, para no esconderme más, para dejarme llevar y apostarle a una opción que tal vez no existe más que en mi imaginación y en una mala interpretación. 

¿Y acaso no vale la pena?, ¿No vale la pena arriesgarte por quien te hace feliz, por quien te escucha, te hace reír, te hace querer ser mejor día a día?, ¿No vale la pena ofrecerle tardes, noches, días, fines de semana, abrazos, besos, caricias y confianza?. 

¿No vale la pena hacerlo para ver una vez más dibujarse en tu rostro esa sonrisa de ardilla en primavera?

Apuesto, (y sé que vas a sonreír, azul), que si.

Fin de la transmisión.