jueves, 18 de agosto de 2011

Explicando la Constante de Planck o como los zombies se comieron a mis vecinos

¡Hola a todos! 

¿Es raro escribir un blog, no? Sinceramente son de esas cosas que no pensaría en hacer tomando en cuenta la aversión que siento al sentarme frente a un dispositivo electrónico (que no sea un videojuego), pero vaya que la vida esta llena de ironías y entre blogs, twitter, facebook y messenger parece que la vida universitaria discurre. Cuando he escuchado en las diversas materias que las lecturas a revisar han sido escaneadas o se encuentran en línea siento un inevitable malestar; lo sé, el número de copias también es un fastidio y un crimen contra la naturaleza, pero la inversión que hoy se ahorra en esas engorrosas filas del A, C o F sumado al largo y sintuoso viaje a las cajas, mañana será mayor en la oficina del oftalmólogo. No obstante henos aca, empezando una nueva faceta.

A pesar de que el tema de tesis será común en estas líneas, no puedo dejar de lado mencionar que a veces les recomendaré alguna receta (vegetariana o no, para aquellos que no sienten el mismo respeto que su servidor por nuestros hermanos del reino animal) pelicula o canción, y ¿por qué no? a veces leerán historias de vida y amor-desamor. Para empezar les cuento de la gran emoción que sentí al volver a jugar ese tremendo clásico de Super Nintendo, el Zombies Ate My Neighbors de Konami que asustaba y entretenía mucho antes de que Silent Hill, Resident Evil o Alone in the Dark siquiera fuesen una idea dentro de las mentes de sus creadores. Creo que relajarse (il dolce far niente dirian los italianos) es necesario después de una lectura de Epistemología del Sur y de las horribles lecturas digitales de Ciencia y Tecnología, claro, además de esos temas incomodos que me llevan a recordar dedicatorias inconclusas (si vieran el contador de reproducciones de ITunes, Labios Rotos de Zoe va cerca de la docena en menos de dos días). Aun así siento una gran emoción por tener la oportunidad en un rato de discutir acerca de mecánica cuántica, la incertidumbre de Heisenberg, las estructuras disipativas y la Constante de Planck. Creo que cómo los estados de materia discretos y no continuos de ésta última, mi buen humor se va transformando con las fluctuaciones de las señales de energía que emite esa hermosa chica que ahora podría catalogar cómo mi vórtice de entropía.

Fin de la transmisión.

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