Nunca sabré por qué el aceite de olivo le da un sabor tan peculiar a las verduras de la familia Asparagus. Pero no creo que sea muy importante saber las razones químicas, hoy me basta saber que si calientas un poco de dicho aceite y salteas unos cuantos espárragos y ejotes, esparciendo un toque de albahaca y perejil, el resultado será una guarnición de sabor intenso y delicado a la vez, ideal para acompañar una pasta de tallarines. Parecían destinados a estar juntos, el contraste de sus colores, olores y sabores crearon una armonía digna de cualquier mesa de reyes, aunque este día la mesa haya sido la de su humilde servidor. Lo que sí puedo hacer digno de la realeza es la compañía y la música: Otoño y Muse. Ya suena Muse, Otoño llegará en menos de 12 horas. ¿O tal vez no? Conspiremos para encender a las almas que se mueren por sentirse vivas.
Sigue, sigue y sigue sonando Muse. He adelantado mucha tarea, demasiada, excesiva, poco pedagógica, sin reto congnoscitivo; el Otoño vale el estado de agonía cercano a la muerte derivada de la felicidad por su llegada. A las 12:51 sonará Eleanor Rigby en la Sala Nezahualcóyotl, y el Otoño sonreirá, encantada por el vals formado por la OFUNAM, por la energía que despide la inmortal canción de Lennon-McCartney, por ser un domingo cualquiera, con un chico cualquiera, en un lugar cualquiera. Pero las 12:51 siempre será la hora mágica, la hora de la gente solitaria, la hora de levantar el arroz de la Iglesia donde se celebró una boda. La hora de vivir un sueño, esperar en la ventana y usar la mascara que el Otoño mantiene en un jarro junto a la puerta; la hora de escuchar las palabras de un sermón que nadie escribió.
Estoy en pánico. No sé en que estado recibiré al Otoño, no sé si el Otoño se presentará, sé que lleva (23) días ahí pero aún lejos. Se acerca la hora del cierre. Cambia tus planes y llámame, bésame ahora que he envejecido; no trataré de controlarte. Las noches de viernes han sido solitarias, tómalo con calma pero no me alarmes. Son 12:52, por favor no dejes de ir. Allí estaré.
Fin de la transmisión.
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