miércoles, 19 de octubre de 2011

Alma de Cocinero

9:24. El reloj dice que la hora de cerrar se está acercando, lo mejor sería que partiera ahora mismo aunque me gustaría quedarme toda la noche. Un museo de músculos, algo que ella tiene que confesarte pero tu no tienes tiempo para escuchar así que volteas a otro lado. Muy poco, demasiado tarde esperando hasta que se termine todo para revelarle todo lo que quisieras mostrarle. De regreso desde Venezuela, Bolivia y Argentina, de regreso a la Unión Soviética, ella se va de casa con una sonrisa en sus labios, un chocolate en su mano y un libro regional en su mochila. Se ríe de las groserías políglotas y me contagia su alegría. Los coches gatean pasados todos con ojos atiborrados, las luces de la calle comparten su ahuecada incandescencia; tu mente parece herida por la entumecida sorpresa. Bip, bip.

Las personas que disfrutan de su cautiverio violentado viven en Estocolmo, los canelones disfrutan de su cautiverio en hornos de piedra junto a salsas marinadas y quesos de Parma, las cebollas moradas disfrutan de la compañía de vinagretas, orégano, aceite de olivo y jugo de limones. Déjame dormir toda la noche en tu alma, déjame dormir toda la noche en tu cocina y calentar mi mente cerca de tu gentil estufa, derretir mi corazón en tu tostadora, sazonar mi vida en tu salsera. Si me dejas fuera del refrigerador vagaré tropezando con la arboleda de neón, me iré por el lavabo y el triturador de basura completará la labor. Mientras el clima de ciudad me sigue reconfortando, lo he encontrado o me ha encontrado de vuelta. La temperatura ambiente llegó a la 1 de la tarde hora del centro de la Ciudad de México, de ahí partió hacia Francia.

Tus dedos traman rápidos minaretes y rápidos agradecimientos, hablan en alfabetos secretos. Yo prendo otro cigarrillo, me tomo otra cerveza y cocino otro platillo. Más especias y menos pastas, más hongos y menos queso; más América Latina y menos Latinoamérica; aprender a olvidar y olvidar a aprender - aprehender. Me quedaré despierto toda la noche, me quedaré despierto por si acaso se te ocurre voltear para aca, por si acaso el día no ha terminado con la energía irradiante de tu cálida sonrisa. Sólo por eso y por nada más, toda la noche hasta que la temperatura ambiente iguale el aire artificial del refrigerador. En Autumn las brisas más bien son refrescantes así que puedo estar en la cocina toda la noche cantando a los Beatles. Tu dices ¡Adiós! y yo digo ¡Hola!

Fin de la transmisión.

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