Navegar, navegar y alcanzar las costas de Trípoli más allá del Río Amarillo. Hablemos sobre los espacios entre nosotros y de las ilusiones detrás de las que nos escondemos, hablemos de los viajes a través del universo, de los pies en la tierra y de los planes que te llevarán hacia la ruta del agave. Vigila el cielo estrellado por si no me encuentras ya que es posible que esté conspirando junto a ti, susurrando unas pocas palabras olvidadas, unas cuantas sonrisas desdibujadas y algunos sobrenombres fusionados. Puede que veamos la depresión y nos sintamos seguros junto a rusos y mutantes, junto a princesas y brujas; ahora quieres creer en la tercera ley de la magia, ahora no tienes cabello pero tampoco miedo, ahora no deseas abusar de tu suerte.
El paraíso de todo hombre es el infierno de ningún lugar, esperar en el purgatorio no significa que la redención llegará ni que la absolución será concedida. Ahora todas las estrellas empiezan a caer y la nieve se ha derretido totalmente. Mis reflejos condicionales me obligan a recordar las tardes entre arbustos y violines cada vez que respiró el último aliento de un maíz inflado; me hacen pensar en los labios azules después de granizados de mora, en las tardes entre bosques mirando las ruedas andar y andar, las lagrimas derramadas por cebollas de cristal y los adornos sin final entre leones dorados y banderas de Jamaica. Extrañaba ese lento y armónico silbido de tu voz cada vez que la mantequilla se derrite, cada vez que cuento la historia de Lathika y del chico suertudo de Mumbai.
Es un poco muy tarde. En el mensaje que me escribiste decías que estabas por acostarte pero aún no termina mi noche, así que seguiré despierto y leeré a pesar de saber que tus versos confudirán mi mente; mejor apago la luz. Vuelve a sonreír, dime donde has ido, dame un beso, disfruta con mis ojos... debi regresar. No quise saber cómo crecía tu jardín porque únicamente quería volar, aunque no supe cuando empecé a resentir el dolor de la lluvía que penetraba hasta mis cartílagos. Voy a respirar pero no voy a creer, tal vez tú seas igual que yo y veremos cosas que nunca nadie ha visto; tal vez viviremos por siempre, tal vez la guerra de discos hará explotar el tanque de gas licuado de petróleo, tal vez propano y butano sean dos palabras que no acamparán en el jardín de nuestra niñez. Por si acaso, tomaré un par de ojos hundidos y aprenderé a observar. 23 años esperando a ser libre.
Fin de la transmisión.
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