jueves, 10 de noviembre de 2011

La Gobernante de mi Ventrílocuo

Gobiernas el corazón y robas el alma en un día nublado, bailas y gritas escandalizando el Tower Bridge con la oportunidad de comprar amor; yo no puedo comprar amor, puedo obsequiarte anillos de diamantes y figuras de cerámica barata con forma de animales sí eso te hace sentir mejor, tal vez no tenga mucho que dar pero lo que tengo te lo doy a ti. No importa que haya una fila interminable para sentarse en un jardín inglés esperando la llegada del sol, no importa el dolor interior ni las huidas jugando a las escondidas. Anda caminando por el camino de Abbey, anda que ya estoy por sentirme mejor, anda que soy joven, corro libre e intento mantener mis dientes blancos y limpios; a pesar de que la pobreza en mi país sea endémica, la felicidad desborda nuestras almas.

Sé que soy un extraño en este mundo, sé que voy a broncearme con esta lluvia y que los elefantes prefieren comer lasagna junto a los pinguinos, pero también sé que el viaje a través del océano no es largo aunque desgaste las llantas al chocar contra las cuerdas de una Les Paul; voy a vender millones de copias para cuando despiertes, para cuando te des cuenta que me he ido aunque puedes mandarme las sugerencias que creas necesarias a esta misma dirección. Sólo necesito un respiro para ser escritor de novelas, para pintarme de amarillo y ver florecer la ciudad. Grita desde la azotea todos los ingredientes que debo reunir antes de volver a tu cocina, grita para que toda la gente pervertida voltee a ver nuestro matrimonio. Me arrodillaré ante ti y serás mi reina. 

Probablemente pueda colonizar tu cuerpo pero necesito antes conquistar tu corazón, hacer una resistencia significativa, navegar por lo inútil, lo desesperado y lo irracional. ¿Donde podrás estar? En una flor lista para terminar el ciclo, en una bombilla dentro de una habitación oscura, en el desierto que espera paciente la lluvia, en el niño que aguarda el Verano y en el vaso largo que espera el beso del licor bajando por sus piernas. No sé cómo empezar ni sé cuál será el final porque la historia ya ha sido contada antes, supongo que cocinaré sólo y así andará la noche sin luna llena ni estrellas. Pero somos jóvenes andando por ahí, dormiremos fuera si así nos place, crucemos desde los campos de fresa hasta los campos de algodón. Ya has llegado a mi humilde morada en Dehli, ahora gobierna en tu palacio.

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