Hoy tienes que sentarte a esperar por la indicada, hoy ellas presentarán sus cartas credenciales ante ti y esperarán pacientemente hasta que sientas mariposas en el esófago y tintineos en tus labios cuando ella pronuncie las palabras que acompañadas suenan muy lindas. Será la número 23, será la chica con el kashmir amarillo y con los pigmentos abundantemente verdes, aquella que conocí de niño en Juhu y que perdí en un viaje en tren, pero también deberá ser aquella que se divierta en los funerales y llore en las bodas de los cristianos y los maronitas; debe comer manzana con chile y chile con manzana, debe poder matar a las personas con tan sólo pensarlo y atreverse a buscar todos los diamantes que has robado del Congo para adornar su corona. Otra vez hay un camino por recorrer, pero esta vez ya sabemos el final y es desdeñable ¿Por qué tienes que hacer algo raro de todo?
Por supuesto que hay peligro pero ahora que eres inmortal eso no importa. Tal vez intentaré leer tus pensamientos, obtener la expiación y decir una mentira piadosa, tal vez sólo quiera obtener la receta del pastel de manzana y asustarte a la sombra del árbol de cerezo; tal vez la flor quiera ser un árbol, el gato quiera ser abeja, la tortuga quiera volar alto en el cielo y sumergirse en el mar. La respuesta puede ser una fusión, una sonrisa amargada y unos rizos perfectos, una piel suave y un humor negro, una groseria en el andén y un auténtico deseo por robar energía y vida con un simple roce de tu mejilla; mañana amanecerá a medianoche y los ilusos llorarán entre claroscuros y deseos de cosas imposibles, sé que andaré dando tumbos y desesperado por tu retorno a casa, pero el viento susurra que eres parte de todo así que intentaré conciliar el sueño y salvarte una vez más de Valmiki.
Ahora recuerdo todo lo que cocinamos juntos: tú me inspirabas a la distancia y yo me movía mecánicamente, dejabas de voltear y yo perdía el ritmo; decías que la lasagna era deliciosa pero, honestamente, la pasta estaba cruda. Ya no seré el cocinero de Mumbai, ahora seré el comensal en Montauk; ahora todo tendrá que esperar hasta que el cometa Halley regrese a orbitar la Tierra, ahora soy el tonto en la colina que no responde ninguna pregunta, que ordena pizza para uno y vino para cuatro. No me gusta ser presuntuoso pero al final vas a saber que era el indicado, al final entenderás mis absurdos paseos domingueros y las visitas interminables por museos obscenos. Entretanto, debes leer esta carta (entrada) y saber que te has llevado mis guruguitas y mis buenos deseos para que el removedor de obstáculos libere el camino de tu felicidad, recuerda que la hora de los Beatles suena todos los días. Aquí, allá y en todas partes, incluso en el jardín que nunca crece.
Fin de la transmisión.
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